El flautista de Hamelín anónimo documentado por los Hermanos Grimm

El flautista de Hamelín forma parte de la literatura infantil tradicional de Alemania. Clasificado como cuento de hadas, relata la historia de un pequeño pueblo alemán invadido por un plaga de ratones. El buen hacer de un encantador flautista libera al puebo de los roedores, pero la codicia y el egoismo de sus habitantes les terminará condenando para siempre.

El flautista de Hamelín es una fábula o leyenda, documentada por los Hermanos Grimm (cuyo título original alemán es Der Rattenfänger von Hameln, que se traduciría como El cazador de ratas de Hamelín), que cuenta la historia de una misteriosa desgracia acaecida en la ciudad de Hamelín (Hameln en alemán), Alemania, el 26 de junio de 1284. Además existe un famoso poema en inglés sobre este tema escrito por Robert Browning.

El Flautista de Hamelín
El flautista de Hamelín forma parte de la literatura infantil tradicional de Alemania. Clasificado como cuento de hadas, relata la historia de un pequeño pueblo alemán invadido por un plaga de ratones. El buen hacer de un encantador flautista libera al puebo de los roedores, pero la codicia y el egoismo de sus habitantes les terminará condenando para siempre. El flautista de Hamelín es una fábula o leyenda, documentada por los Hermanos Grimm (cuyo título original alemán es Der Rattenfänger von Hameln, que se traduciría como El cazador de ratas de Hamelín), que cuenta la historia de una misteriosa desgracia acaecida en la ciudad de Hamelín (Hameln en alemán), Alemania, el 26 de junio de 1284. Además existe un famoso poema en inglés sobre este tema escrito por Robert Browning.
Escrita por: Anónimo (Documentado por los Hermanos Grimm
Disponible en: Libro electrónico

 

El Flautista de Hamelín
[Cuento folclórico. Texto completo.]Anónimo
En un pueblito de nombre Hamelín se habían instalado, siendo dueños y señores, todos los ratones habidos y por haber, arrasando con la comida de todos sus habitantes.Esto se debía a que Hamelín estaba dirigido por una Reina muy tacaña, que no quería hacer ningún gasto para poner remedio a la invasión de ratones.

-¡Esto es terrible, se llevan mi propia comida!

La Reina, cuando vio que los ratones habían llegado a su palacio, mandó llamar a un jovencito que tenía fama de hacer desaparecer los roedores con ayuda de su flauta.

-¡Yo, Reina de Hamelín, te prometo una bolsa de oro si consigues librarme de esos come quesos!

-¡Así lo haré! -contestó el muchachito, haciendo sonar su flauta.

Los ratones, hechizados por el mágico sonido, lo siguieron hasta el río cercano, donde todos subieron a una balsa y se perdieron en la distancia.

El flautista, después de haber dejado a Hamelín sin ningún ratón, fue con la Reina para recibir su recompensa. Pero la Reina, que era muy codiciosa, no quiso cumplir con su promesa.

-¡No creo deberte nada, fuera de mi reino!

-¡Eres muy injusta y por eso me vengaré! -dijo el caballero muy enojado.

Entonces hizo sonar la flauta y todos los niños del pueblo lo siguieron, escuchando su sonido.

Se los llevó a una montaña y los encerró en una gran cueva, desconocida por todo el mundo. Así se vengó de aquella reina tan mentirosa y mala.

Pasaron varios meses y Hamelín se transformó en un pueblo triste, sin las risas y la alegría de los niños; hasta las flores tenían el color pálido de tanta tristeza.

Todos los padres de los niños marcharon juntos al castillo para reclamarle a la Reina, pidiéndole que pagara al flautista la deuda, porque no querían quedarse sin sus amados hijos.

La Reina no tuvo más remedio que pagar al flautista, y entonces todos los niños regresaron a sus hogares, trayendo con ellos nuevamente la felicidad al reino.

Desde ese momento, aquella Reina cumplió siempre sus promesas.

En 1284 la ciudad de Hamelín estaba infestada de ratas. Un buen día apareció un desconocido que ofreció sus servicios a los habitantes del pueblo. A cambio de una recompensa, él les libraría de todas las ratas, a lo que los aldeanos se comprometieron. Entonces el desconocido flautista empezó a tocar su flauta, y todas las ratas salieron de sus cubiles y agujeros y empezaron a caminar hacia donde la música sonaba. Una vez que todas las ratas estuvieron reunidas en torno al flautista, éste empezó a caminar y todas las ratas le siguieron al sonido de la música. El flautista se dirigió hacia el río Weser y las ratas, que iban tras él, perecieron ahogadas.

Cumplida su misión, el hombre volvió al pueblo a reclamar su recompensa, pero los aldeanos se negaron a pagarle. El cazador de ratas, muy enfadado, abandonaría el pueblo para volver poco después, el 26 de junio (fiesta de los santos Juan y Pablo), en busca de venganza.

Mientras los habitantes del pueblo estaban en la iglesia, el hombre volvió a tocar con la flauta su extraña música. Esta vez fueron los niños, ciento treinta niños y niñas, los que le siguieron al compás de la música, y abandonando el pueblo los llevó hasta una cueva. Nunca más se les volvió a ver. Según algunas versiones, algunos de los niños se quedan atrás, un niño cojo que no los pudo seguir por no poder caminar bien, uno sordo, que solo los siguió por curiosidad, y otro ciego, que no podía ver hacia donde los llevaban y se perdió, y estos les informan a los aldeanos.

En otras versiones, el flautista retorna a los niños una vez que los aldeanos le pagan lo que le prometieron, o en ocasiones hasta más.

Y se dice que en la versión original, los niños fueron tirados y ahogados al río Weser .Y que la cueva eterna podría significar el infierno.

Origen

El flautista se lleva a los niños.
El origen de la leyenda del flautista está poco claro. Se acepta con bastante seguridad que la sección sobre los niños es el núcleo original de la historia, a la que se añadió como complemento la relativa a la expulsión de las ratas a finales del siglo XVI.

Sobre el rapto de los niños se han ofrecido varias interpretaciones. Una de las más plausibles menciona la expansión hacia el este (Ostsiedlung) de los habitantes de la Baja Alemania entre los siglos XII y XV. Los niños de Hamelín serían los jóvenes de la ciudad que fueron reclutados para tal empresa.

Las primeras menciones de esta historia parecen remontarse a un vitral que existió en la iglesia de Hamelín alrededor del año 1300. Este vitral está descrito en diferentes documentos entre los siglos XVI y XVII y al parecer fue destruido alrededor del siglo XV.

Inspirado por dichas descripciones, Hans Dobbertin creó en época moderna un vitral, el mismo que hoy puede admirarse en la iglesia de Hamelín. Esta obra recrea una imagen de la leyenda en donde vemos al flautista vestido coloridamente, guiando a los niños vestidos de blanco, fuera del pueblo.

Se piensa que el vitral original fue hecho a la memoria de algún suceso trágico que acaeció en el pueblo. Sin embargo, a pesar de numerosas investigaciones, no se ha podido encontrar ningún documento histórico que dé fe de algún hecho que pueda ligarse con esta leyenda.

Las teorías que se atribuyen cierta credibilidad pueden ser agrupadas en cuatro categorías:

• Los niños fueron víctimas de algún tipo de accidente por el cual se ahogaron en el río Weser (que pasa por Hamelín) o fueron enterrados por algún deslizamiento de tierra.

• Algunos niños fueron víctimas de alguna enfermedad que los habitantes consideraron peligrosa y contagiosa, por lo que los niños fueron conducidos fuera del pueblo para proteger a los demás habitantes. Se ha sugerido alguna forma de la peste.

• Los niños (o jóvenes) dejaron el pueblo para tomar parte en alguna peregrinación o una campaña militar, pero nunca regresaron con sus padres. Estas teorías presentan al flautista como un líder o reclutador.

• Los niños, que en este caso serían jóvenes, abandonaron voluntariamente Hamelín para colonizar partes de Europa Oriental. Efectivamente, numerosos poblados fueron fundados en esta época en el este de Europa por colonos de origen alemán. De igual manera, el flautista en este caso sería su jefe. Esta teoría es la más aceptada, ya que es la que cuenta con una documentación más sólida. Hay que considerar que la palabra alemana Kinder haría referencia no sólo a los niños, sino de manera más genérica a “los hijos del pueblo”.

Un individuo llamado Decan Lude, originario de Hamelín, informó hacia 1384 de que poseía un libro coral que contenía una estrofa que aportaba el testimonio de alguien que había visto con sus propios ojos el suceso. Lude aseguraba que esta estrofa era obra de su abuela. Este libro se considera perdido desde fines del siglo XVII. El nombre “Decan Lude” puede indicar una posición clerical, es decir, la de diácono (latín: decanus, alemán moderno: Dekan o Dechant) y Lude una forma antigua o dialectal de Ludwig, pero esto no ha sido probado.

Esta estrofa parece haber llegado hasta nuestros días por una inscripción de 1602 o 1603, que se encuentra en Hamelín:

Anno 1284 am dage Johannis et Pauli
war der 26. junii
Dorch einen piper mit allerlei farve bekledet
gewesen CXXX kinder verledet binnen Hamelen gebo[re]n
to calvarie bi den koppen verloren

lo que puede traducirse al español como:

En el año de 1284 en el día de Juan y Pablo
siendo el 26 de junio
por un flautista vestido con muchos colores,
fueron seducidos 130 niños nacidos en Hamelin
y se perdieron en el lugar del calvario, cerca de “koppen“.

Esta parece ser la mención más antigua del hecho. Koppen significa en antiguo alemán “colinas”, y parece referirse a las estribaciones que rodean a la ciudad.

Por otro lado, existe una ley-costumbre largamente establecida en Hamelín, que prohíbe cantar o tocar música en una calle particular de la ciudad, por respeto a las víctimas del legendario acontecimiento: la llamada Bungelosenstrasse, adyacente a la “Casa del Flautista”. Durante desfiles públicos con música, incluidas las procesiones matrimoniales, la banda musical deja de tocar al llegar a esta calle y continúa con la música una vez que la ha atravesado.

Otras versiones apuntan a que los niños entraron en un cerro y este se cerró como si no existiese.

Alusión literaria
En el ‘Relato del papa Inocencio III’, perteneciente a La cruzada de los niños (La Croisade des Enfants),1 el escritor francés Marcel Schwob escribió:

Como sabéis, Señor, el maligno se apodera gustoso de los niños. En otro tiempo adoptó la figura de un cazador de ratas, para arrastrar con las notas de música de su caramillo a todos los pequeñuelos de la ciudad de Hamelín. Unos dicen que aquellos infortunados se ahogaron en el río Weser; otros, que los encerró en la falda de una montaña.

En el libro ” Un par de días” de Tony Vigorito, el flautista de Hamelin es un virus creado por el gobierno de Estados Unidos.

En el poema “Felices los normales” de Roberto Fernández Retamar.

Alusión musical
La banda de doom metal sueca Candlemass incluyó en su disco Nightfall una canción titulada “Bewitched” (que se traduce como Embrujado), que es líricamente una reinterpretación de El flautista de Hamelín. Se le interpreta de un modo más o menos maligno.
La banda de rock española Ñu incluyó en su disco de A golpe de látigo (1980) una canción llamada «El flautista» que recrea el cuento tradicional. En este caso, el Flautista aparece retratado de forma positiva, como un líder mesiánico que conduce a los niños a un lugar mejor, «sin humos y sin ratas».
El primer LP, homónimo, de la banda de power metal Demons & Wizards (1990) incluye una canción llamada “The Whistler” que ofrece una interpretación peculiar del cuento de los hermanos Grimm. En este caso la historia la narra en primera persona el Flautista. Este desvela que, como venganza por la traición al acuerdo cerrado con el pueblo de Hamelín, se lleva a los niños como alimento para el clan de las ratas y su reina, de la cual él es vasallo.
Joaquín Sabina menciona esto en su canción «La del pirata cojo», que ha cantado tanto en solitario como junto a Joan Manuel Serrat en la serie de conciertos Dos pájaros de un tiro y La orquesta del Titanic.

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